Por José Miguel Redondo. “Sele”
En mi reciente viaje a las Repúblicas Bálticas me llamó mucho la atención que sobre todo en un país, Estonia, hubiera tantos puntos wi-fi abiertos y, por lo tanto, gratuitos. Era posible cruzar la ciudad de Tallinn de norte a sur y de este a oeste con el smartphone conectado a internet durante todo el camino. Y lo más impresionante, pude tener varias conexiones dentro de un bosque cerrado como es del del Soomaa National Park, en el que habitan osos, lobos y alces, y apenas hay unas pocas cabañas de madera en su interior.
Tuve contacto online con mis amigos y pude mandar información instantánea tanto a la web como a las plataformas sociales Facebook y Twitter. Asimismo en el 100% de las gasolineras en las que me detuve pude utilizar Google maps para guiarme, encontrar lugares de interés cercanos o simplemente enviar un mensaje a mi familia. Estonia vive conectada constantemente e incluso se relaciona con sus ciudadanos a través de la red. Es todo un ejemplo a seguir, tanto que ya se la conoce como E-stonia o Estonia 2.0, ese país en el que uno puede navegar por internet en el bosque.
Para mí dice mucho de un país su apertura a las nuevas tecnologías de cara a su propia gente y a quienes les visitan. Sin duda el acceso de calidad y barato (gratis en muchos casos) a la información y a la comunicación entre las personas es una afrenta a países y organizaciones atrasadas que especulan y se enriquecen a costa de algo que debería ser un Derecho Fundamental. El crecimiento también tiene que ver con esto, aunque algunos no quieran darse cuenta.
Mi fugaz paso por E-stonia me dio pistas de cómo deben hacerse las cosas en lo que a “internet para todos” se refiere. En España (y también en México, N. de la R.) nos hemos acostumbrado a tener un servicio lento y costoso, y con pocos puntos gratuitos, si nos comparamos con otros países. Tengo la certeza de que estar conectado en mi propio país está considerado como un privilegio y no como algo básico. Las compañías de telecomunicaciones hacen malabares para mantener lo que parecen unos fueros en los que no tienen pensado torcerse un renglón. Y mientras tanto el Estado (independientemente del Gobierno que esté o deje de estar) se convierte en el cómplice perfecto de esta situación. Vamos lentos, muy lentos.
UN ALTO PORCENTAJE DE HABITANTES CON CONEXIÓN A INTERNET EN ESTONIA
Por eso mismo quiero destacar el empeño estonio para ponerse por delante, a pesar de ser un pequeño y joven país que cumple en 2011 dos décadas como nación independiente. Mientras que en el año 2000 un 28% de sus casi 1.300.000 habitantes eran usuarios habituales de internet, once años después se habla de un 75´7% (datos estadísticos registrados por la Unión Internacional de Telecomunicaciones). Cifras muy cercanas a las de países avanzados tecnológicamente tales como Japón (78´4%), Corea del Sur (80´4%) o Alemania (79´9%). Y por encima ostensiblemente de otros como España (62´2%), Francia (69´5%), o las vecinas Letonia (68´2%) y Lituania (59´5%).
En 2007 Estonia, en la que por otra parte nació Skype, fue la pionera en implantar votaciones online para las Elecciones a su Parlamento. Ningún otro país se había atrevido a dar el paso de dejar ejercer el derecho democrático de emitir un voto para elegir a sus representantes, en forma online, a sus ciudadanos. Desde entonces el uso de la computadora dentro o fuera del país es clave para los electores, que requieren de apenas unos segundos para votar. Otros países están empezando a emular esta práctica y está claro que en un futuro muy próximo será algo que funcione en muchos lugares del mundo. Aunque en este caso Estonia golpeó primero…
INTERNET, UN DERECHO FUNDAMENTAL
El Estado estonio declaró hace años que “el acceso a internet es un Derecho básico y constitucional”. De ahí que exista una regulación que permita que esté absolutamente implantado tanto en las ciudades como en los medios rurales. Se facilita a unos precios asequibles sin importar si uno vive en un edificio de cinco plantas o en una perdida cabaña de madera.
Pero lo mejor es que además se apuesta por la gratuidad del servicio en áreas públicas, lo que hace que exista un número exagerado de hotspots (puntos de acceso wifi) totalmente abiertos. Así en la Plaza del Ayuntamiento de Tallin encontré nada menos que ocho puntos que no requerían de contraseña para conectarme (una de las señales más intensas era la del bar Molly Malone). Cuando lo normal en la mayor parte de los sitios en los que he estado es que te den la clave en un bar con wifi sólo en el caso en que acudas a consumir, en Estonia no se tiene demasiada costumbre en codificar las señales para prevenirse de “intrusos roba líneas”. De ese modo podía comunicarme “en vivo y en directo” a través de la red en pleno casco histórico de esta turística y bella ciudad bañada por el Báltico.
En las zonas de wi-fi abierto de este país es común ver colgados carteles de color naranja y negro que especifican que son “wifi ee: Area of Wireless internet”. Bares, hoteles, gasolineras, parques, plazas, centros comerciales y un sinfín de lugares a los que acude el público permiten navegar de forma rápida y gratuita.
Las señales de carretera, además de anunciar poblaciones y los kilómetros a los que se encuentran, además de gasolineras o vías de servicio, facilitan también la información de puntos wifi gratuitos. De ese modo si tienes un dispositivo electrónico que pueda conectarse a internet puedes detener tu vehículo en esos “espacios abiertos” y consultar lo que desees, así como corroborar tu ruta o simplemente posicionarte online en unas coordenadas exactas en caso de tener cualquier problema o querer esperar a alguien.
Pero cuando llegó mi sorpresa fue al internarme al corazón de Naturaleza más salvaje del país, el Parque Natural Soomaa, con una importantísima extensión de bosques y humedales, y de donde parten infinidad de senderos para hacer trekking y salir a avistar aves o mamíferos. También es conocido por poderse hacer travesías en canoa tanto por la mañana como por la noche, cuando por ejemplo los castores entran a dentelladas a los árboles para hacer sus presas. Allí en Sooma detecté una señal bastante fuerte procedente de la caseta de información del Parque, lo que me permitió tuitear esa parte de mi viaje, incluyendo fotografías recién tomadas. Es un ejemplo de que más inmediatez es imposible de cara a que un blogger de viajes cuente sus aventuras y desventuras a miles de kilómetros de su casa. La información se comparte “en el acto” independientemente del lugar en el que uno se encuentre.
“Internet para todos y en cualquier parte” es un lema que Estonia tiene grabado a fuego. Se subió a los primeros vagones de ese enorme tren llamado 2.0 porque es sabedora que su implantación en todos los estratos termina siendo un indicativo de bonanza y bienestar. Esas señales wi-fi suelen dejar entrever muchas cosas, siempre positivas.
Fuente: http://www.elrincondesele.com/estonia-un-pais-2-0-con-wi-fi-en-el-bosque/
Revista Chihuahua Moderno. Todos los Derechos Resevados 2010
Chihuahua Chih. Mexico
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