Por Pablo Plotkin, con edición de Chihuahua Moderno.
En un café de la zona de las facultades (Buenos Aires, Argentina), Tomás Escobar es la versión geek de un vendedor de tónicos para la juventud eterna. Durmió poco, se pasó la noche rediseñando la interfaz de Cuevana y reescribiendo el código para que el sitio no colapse. El tráfico crece a razón de un veinte por ciento mensual, con un récord diario de dos millones de visitas.
Tal vez no sea un empresario carismático, pero tampoco es un nerd sin ángel. En estos últimos meses, después de abandonar los estudios de Ingeniería en Sistemas en Córdoba y mudarse a Buenos Aires, la popularidad de su plataforma lo dotó de una evidente confianza en sí mismo. A eso le sumó un poco de asesoramiento legal y unas cuantas dosis de literatura emprendedora 2.0. Habla del diferencial de la “experiencia Cuevana” y asegura que los sitios valen por sus comunidades (en su caso, habría que valuarlo en millones de dólares). Dice que está pactando acuerdos con señales de cable, productoras y un importante organismo estatal. “La idea es convertir a Cuevana en una empresa internacional con base en el país”, comenta el hombre de 22 años que maneja su negocio (al que prudentemente llama “hobby”), desde una MacBook Pro en el departamento de un amigo, donde duerme hasta conseguir una vivienda en la ciudad.
Hablamos de una de las veinte plataformas argentinas más visitadas de Internet, y la más exitosa de América latina en su rubro. El lugar al que vamos cuando queremos ver el último capítulo de True Blood o Mad Men en buena resolución y con subtítulos en castellano. Y un invento atravesado por debates silenciosos sobre propiedad intelectual, legislación y nuevos modos de distribución de mercancía cultural. “Cuevana es un emergente creado más por los usuarios que por sus fundadores”, dice Julián Gallo, editor del sitio Mirá! “La industria no respondió a tiempo a la madurez tecnológica de los televidentes. La gente tuvo que hacerlo.”
En un rincón del bar desierto, frente a la primera Pepsi del día, Tomás Escobar encarna el discurso opuesto a los activistas informáticos de Anonymous. Ni siquiera tiene el tono jactancioso del primer Zuckerberg (Facebook), el que decía que los capitalistas venían a robarle sus ideas revolucionarias. Tomás ejerce la prédica del adaptado. Sabe que se ha movido al filo de la ley, pero también entiende que lo que le explotó en las manos es grande. Hijo de un contador que ejerce de empresario, está asesorado y quiere ser parte del establishment de los nuevos medios. Así resume su estrategia: “Cuevana captó la demanda de los usuarios. Ahora el objetivo es que se retroalimente con el cine. Crear un nuevo modelo de negocio”.
Para algunos, la cosa no es tan sencilla. “En tanto negocio, la plataforma es ilegal”, dice Mariano Amartino, de Überbin I/A, una consultora de estrategias en Internet. "Ni lo analizo en lo moral o como emprendimiento. Esto es lucro con la reproducción pública de obras sobre las que no tienen derechos. Punto.” Andrés San Juan, abogado especialista en este tipo de conflictos y representante de Taringa! (sitio web procesado por una demanda de copyright), no está de acuerdo: “Ellos no hacen la copia ni la distribuyen; la facilitan. Puede que Cuevana sea parte de la cadena, pero no hay delito ahí”.
La coartada legal de Cuevana se basa en que el sitio no descarga ni aloja los contenidos: funciona como un exhibidor de material bajado en otras partes. Desde el punto de vista técnico, lo que Cuevana pone a disposición es el link. "El link es sagrado", dice Beatriz Busaniche, wikipedista y militante de Vía Libre, una agrupación que pelea por un cambio en la ley de propiedad intelectual. “Si van contra el link, no queda nada en Internet.” Sólo que, en el caso de Cuevana, gracias a un detalle sustancial de programación, el link se consume en casa. “Esto es algo comercialmente fabuloso -dice el periodista y desarrollador web Nacho Román-, pero no guarda relación con el espíritu descentralizado y abierto original de la web.” O sea que el punto sensible de la discusión bien puede ser ético. “Cuevana hoy no es un negocio”, se defiende Escobar. “Podría serlo, pero desde hace unos meses limité la publicidad al mínimo para pagar abogados y servidores.
Una máxima de la época reza que el copyright es el petróleo del siglo XXI. La batalla cultural y económica pasará en buena medida por el modo en que se definan las reglas de distribución de los bienes simbólicos. Para muchos, las restricciones de derechos de autor están pensadas para regir una época en que el tráfico de información era arduo y escaso. Sería momento de adaptar las reglas a esta era de inmediatez e hiperabundancia. Juan Suárez, del blog Derecho a leer (parte del movimiento global Copyleft), lo explica así: “Lo que nos preocupa es que fuercen los tipos penales para perseguir a alguien cuya actividad no está tipificada como delito en la letra de la ley. Que no se tomen medidas que, como efecto colateral, afecten la libertad de expresión en Internet”.
El mainstream opta por el silencio, el repudio o la serenidad. Jonathan Friedman, del videoclub online Netflix, ante la pregunta de por qué alguien pagaría por algo que ya obtiene sin costo, respondió: “Todos podemos conseguir agua gratis y sin embargo mucha gente sigue optando pagar por el agua en botella, porque es seguro y conveniente. Así y todo, siempre habrá personas que tomarán agua de la llave”.
Según las más recientes noticias, Cuevana ya no será lo que era, al menos desde enero de 2012. Tomás Escobar anunció que reconvertirá el sitio en un portal de contenidos “independientes” de América Latina y sólo de algunos films de las grandes distribuidoras, previa autorización legal.
El plan del joven es quitarle el mote de “ilegal” a Cuevana y promover el desarrollo del cine independiente, actualmente en desventaja con el resto de las producciones que cuentan con difusión masiva de las grandes cadenas de cines.
Fuentes: http://www.rollingstone.com.ar/1419593-la-historia-detras-de-cuevana http://www.mdzol.com/mdz/nota/346659-cuevana-menos-peliculas-y-cine-independiente-para-dejar-la-clandestinidad/
Revista Chihuahua Moderno. Todos los Derechos Resevados 2010
Chihuahua Chih. Mexico
Revista Chihuahua Moderno. Todos los Derechos Resevados 2010
Chihuahua Chih. Mexico