Por Mariano Ornelas López
Tarde templada del 2 de junio de 2010 en Detroit. Corría la novena entrada de un juego entre los Tigres de Detroit y los Indios de Cleveland. La pizarra marcaba 3-0 a favor del local. Los Indios tenían un doble cero, sin hit ni carrera, producto de un gran juego por parte del pitcher venezolano de los Tigres, Armando Galarraga. Había dos out y estaba simplemente a uno de convertirse en el pitcher número 21 de la historia de las Grandes Ligas en tirar un juego perfecto, es decir, en haber lanzado todo el partido retirando a todos los rivales sin permitir que nadie se embasara.
Lanzó con la esperanza de volverse inmortal y una rola corrió por la primera base. Miguel Cabrera fildeó hacia su derecha y tiró al propio Galárraga quien se desplazó para cubrir la almohadilla. La pelota llegó antes que el bateador Jason Donald, pero el umpire Jim Joyce marcó safe, ante el desencanto del público y la sorpresa de Galarraga. La televisión repitió la jugada. Se notaba claramente que había sido out. La perfección le era negada al pitcher. Galarraga sólo sonrió y, con gran clase, volvió a su lugar.
Días después el periódico Daily News de Nueva York reseñó que el umpire Jim Joyce se había arrepintió de su decisión en cuanto vio la repetición. El hombre de negro con tristeza dijo “le robé a ese chico el juego perfecto...fue la mayor decisión de mi carrera”. Se supo que Joyce, en busca de apaciguar parte de su conciencia, fue a los vestuarios de los Tigres para disculparse con Galarraga y con el manager Jim Leyland.
Cuarenta años antes, en marzo de 1970, se celebró el Segundo Festival de la Canción Latina, predecesor del Festival OTI, en el Teatro Ferrocarrilero en la Ciudad de México. En aquella ocasión, el primer lugar correspondió a la cantante brasileña Claudia Brasil y su Canção de amor e paz. El segundo lugar fue para Mirla Castellanos por Con los brazos cruzados. México quedaba en tercero gracias al originario de Azcapotzalco José Rómulo Sosa Ortiz, mejor conocido como José José y su memorable interpretación del Triste, escrita por Roberto Cantoral.
¿Quién se acuerda de Claudia y Mirla? ¿Quién ha cantado sin pudor Canção de amor e paz y Con los brazos cruzados? ¿Quién ha recordado la insoportable indiferencia de una mujer con esas canciones? Seguro nadie. En ese preciso momento, la fama eterna se la llevó un mexicano de pelo negro, traje azul príncipe y una voz amplia y nostálgica por decisión del público mediante un escandaloso y salvaje alarido. Antes de que concluyera José José, el Teatro literalmente se caía; las rosas rojas llovían en el escenario y el público, e incluso la orquesta, se abalanzaba para tocar al cantante. Dichosos aquellos quienes estaban ante la presencia de la mejor expresión dionisiaca de la música popular mexicana. De manera ingenua, alguna vez le pregunté a quien me platicó esta historia, mi padre, por qué había perdido José José. Él me miró y sentenció: A veces se gana perdiendo.
En ambos casos, se puede hablar de injusticias pero el tiempo se encargó de marcar “out” y premiar de forma correcta. El béisbol y la música me han permitido entender a Saramago, a Milton y a mi padre, quienes seguro están sentados al lado de los que han perdido algo pero ganado un lugar en la memoria colectiva.
Revista Chihuahua Moderno. Todos los Derechos Resevados 2010
Chihuahua Chih. Mexico
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