Volvemos a abordar la entrevista que comenzó en el número anterior, y que por cuestiones editoriales tuvimos que dividir, esperamos que la sigan disfrutando.
Por: Lic. Ivonne Quezada Sandoval
“Retomando el tema de cuando murió mi papá, porque ya te la hice muy reborujada (reímos las dos). Yo me acuerdo muy bien de cómo estaba la caja de mi papá cuando falleció a mis 12 años, y de repente, de la noche a la mañana fui una adulta, con responsabilidades y todo. Mi mamá nunca nos pegaba, mi mamá nos supo educar muy bien. En ese entonces yo iba a la congregación Mariana católica, me gustaba leer, de hecho a todos en mi casa. Lo bueno es que teníamos dos tías, hermanas de mi mamá, que nos consintieron mucho, ellas eran muy trabajadoras y limpias y vivían con nosotros. Pero la que nos educaba siempre fue mi mamá. Mi papá cuando vivía, como era ganadero nos llevaba buena leche y buena carne a la casa, siempre fresca, comíamos alimentos muy sanos.”
“Todos mis hermanos estudiaron, bendito Dios. Uno, pobrecito, se fue muy chico de la casa a los 17 años, era guapísimo mi hermano y duramos mucho, años sin saber nada de él. Después una hermana se lo encontró en México, platicó con él y volvió a desaparecer. Y una vez que fui a Guadalajara, lo había localizado por milagro de Dios una hermana mía, la más chica, pero ya se había muerto. Nadie lo había reclamado. Después supimos que ya grande se había casado, pero su esposa se había ido a vivir a Estados Unidos con los hijos, yo no los conozco, sólo me han enseñado fotos y de esto hace ya unos 20 años.”
Lo siento mucho, pero ahora platíqueme, ¿cómo conoció a su esposo?
“Yo tenía 22 años, pero antes tuve varios pretendientes, nunca falta un roto para un descosido (ríe), y buenos pretendientes, buenos muchachos. Mi esposo vino de la Sierra, me lo trajo Manuel Bernardo Aguirre de Uruachi, pero no se crió allá, de cuando la Revolución. Era de la familia de Víctor Hugo Rascón. De hecho tengo libros de él dedicados para mí, su “queridísima tía”. A mí me gustaba mucho ir a sus conferencias. Mi marido vino a trabajar a la ciudad al Gobierno, y tenía 25 años cuando nos casamos y yo 23. Nos enamoramos y nos casamos en el año de 1945, acababa de terminar la Segunda Guerra Mundial. Fue aquí en Chihuahua en la Catedral y se usaba que la gente se festejara en su casa. Mi marido era trabajador, muy alegre y muy encantador. Fueron muchos amigos, pero no pudimos ir de viaje de bodas porque no había tanto dinero. Nos fuimos a vivir a un departamento en la calle Décima, pasando la 20 de Noviembre porque mi mamá tenía unas primas que le alquilaron ese departamento. Después tuve mi primer hijo, y luego después tuve otro y luego otro…”
Yo me sorprendí porque su lista parecía interminable y le pregunte: ¿Cuántos hijos tuvo?
Y Delia me responde: “¡Doce! Siete hombres y cinco mujeres. ¡Y tengo veintinueve nietos y dieciocho bisnietos! Todo en la vida tiene sus pros y contras, a mí se me hace que así aprenden las familias a solidarizarse. Yo me crié así, de una manera medio espartana, porque se murió mi papá y como era de las mayores, tomé muy en serio el papel de mamá. Recuerdo que revisaba las calificaciones de mis hermanos, ayudaba a bañarlos, llevarlos a la escuela de la mano y atenderlos. O sea, que a la hora que empecé a tener mis propios hijos, ya tenía cierta experiencia, aunque sin duda veces pesa mucho. “
“Mi marido era muy alegre, con muy buen sentido del humor, exagerado como los gitanos, nomas veía las estrellas, siempre a mis hijos les cantaba, se mantenía chiflando. En mi casa cuando se murió mi papá si la pasamos muy bien, tuve una niñez muy feliz, pero ya de casada con mi marido, todos tenían una alegría desbordante. Y estoy segura que mis hijos tienen muy bonitos recuerdos de su papá.”
Le pregunto nuevamente por el nombre de sus hijos y sorprendentemente me contestó de corridito:
“Mira, el mayor se llama Alberto, luego Adrián, Enrique, Fernando, Delia Guadalupe, Rita, Rafael René, Dolores, Alfonso, Carmen, Cristina, Pilar y Víctor. Tengo una economista, dos ingenieros, un arquitecto, un contador, y una arqueóloga.”
Me gustaría que me platicara como era un día tradicional en su casa.
“Mira, tuve una de esas sirvientas buenas que se quedaba de noche y todo. Dios fue muy bueno conmigo porque yo siempre estaba pendiente y colaborando mucho con Alberto, que era vendedor y muy bueno por cierto. Si nos daban una casa, yo iba y revisaba al Registro Público de la Propiedad para averiguar que estuviera saldada. Yo le tenía que ayudar a administrar porque yo puse mis reglas. Deudas no tuve, porque eso de que estén los cobradores toque y toque la puerta, ¡imposible! Ni cuando quedamos huérfanos. Y luego después de que empezaron a crecer más mis hijos, ellos compraron unos lotes de terrenos grandes y ahí hacían fraccionamientos y entrevistaban a los clientes y ahí estaba yo haciendo los contratos.”
Nuevamente no me resisto a hacer un comentario y le digo que no cabe la menor duda que tener una mente activa, productiva y creadora con actitud positiva, le ha permitido gozar de una extraordinaria salud y lucidez mental que ¡ya la quisiera yo en este momento! (las dos reímos).
Delia responde “Y deja te platico que todavía tengo mis amigas y salimos mucho, los domingos nos vamos a desayunar. Tengo un grupito que hacemos canastillas y las regalamos a las señoras inditas. Ya tengo 25 años en este grupo, junto con una vecina amiga mía se llama Conchita Aguirre y mi amiga Gloria Monroy y nos dicen “Las Tres Mosqueteras”. Yo soy la tesorera del grupo donde hacemos las canastillas. También hacemos colchas de cuadros y esas se regalan a Sisoguichi para ayudar a la gente donde hay más necesidad. Por eso el mundo está como está, no tenemos consciencia. Yo viví en un país donde la brecha entre los que tienen y los que no tienen es muy grande, y un país así no puede progresar. Con el salario mínimo de este país, quién va a poder comer. Yo recuerdo antes aquí en Chihuahua, si se te olvidaba algo, la gente te lo regresaba. Yo digo ¿qué clase de cristianos somos? La educación en las escuelas particulares sin valores, con el “bullying” ya no hay civismo en las escuelas, y hasta en las iglesias un hay un robadero espantoso. Ya la gente no es cooperadora, no es respetuosa, no es servicial, es como la ley de la jungla ¿no? Yo pienso, por ejemplo, cuando en algunas ocasiones vamos al cine, somos muy puntuales. A las 5:15 es la película y a Conchita la recojo al 5 para las 5:00, eso es respeto. Volviendo al tema también salimos a tomar el café a Bernardi, aunque ahí el café es muy fuerte. Y con mis amigas también juego Romy.”
“Bueno, regresando al tema. Después de algunos años de casada nos fuimos a vivir a la calle Ojinaga. Recuerdo que les hacía a mis hijos panecillos en el horno y se los daba de desayuno junto con avena y mira, crecieron grandototes los muchachos, luego Alberto siempre les llevaba mucha fruta. Atendía a 12 hijos y un marido a diario y a veces mis hijos llevaban amigos.”
“Mis hijos estaban en el Regional, el Padre Sánchez fue un ángel que Dios me mando, El puso mucha gente buena en mi camino, mucha gente linda. Mis hijos jugaban en la escuela y conocían a todos los padres que llegaban de visita, a veces los llevaban ahí de visita y me acuerdo que mis hijos llegaban a la casa con las pestañas blancas de tierra y la ropa toda sudada. Las hijas estuvieron en otras escuelas cerca del Parque Lerdo.”
“Fíjate como son los muchachos. No ponen atención en la escuela, pero mal que bien escuchan lo que uno dice en la casa. Me acuerdo que mi hijo Víctor estaba muy chiquito y jugaba con un niño que vivía por la casa y un día llegó y me dijo: “Mamá, la abuelita de Raúl dice ¡Polecía!”. De veras que es ahí donde yo digo que importante es el acompañamiento de los padres con los hijos, la orientación, el estar pendientes de ellos, escucharlos, ayudarlos y aparte cada hijo es distinto. Y yo no sé cómo le hice. Me acuerdo un día que iba al banco me encontré a un amigo que me dijo “Ay Delia, con tanta familia, ¿cómo no te has vuelto loca?” y yo le conteste: “¿Y quién te dijo que no estoy?” (Ríe a carcajadas).
“Dios ha sido maravillosamente bueno conmigo. Fui ocho veces a Roma. Ya grande, cuando los hijos ya habían crecido. Conocí Londres, Paris, Munich. En Roma fui al Vaticano, es un lugar fastuoso, la manifestación de la cultura. Ahí tuve oportunidad de ver una exposición de los Tesoros del Vaticano.”
Después de una interesante charla sobre los viajes, pues en lo personal a mí me encanta viajar y me tenía muy entretenida, sentí que era un buen momento para cambiar un poco la conversación y tocar el tema sobre la vida, le pregunté si de jovencita tenía alguna expectativa de vida y si sentía que lo había logrado o que le había faltado y Delia respondió así:
“Me acuerdo que una vez fui a una conferencia de Ema Godoy y dijo que antes de llegar a la vejez, la gente tiene que pensar en tener algo. Y yo pensé en que todo lo que estaba ella diciendo, yo estaba de acuerdo, coincidía con ella. A veces las personas hacemos planes…yo quiero llegar a hacer esto y a veces la vida nos pone otros caminos muy distintos de lo que uno planea. Como dicen: uno hace planes y a veces Dios se ríe de ellos. Y si quieres hacerlo realidad, cuéntale tu plan de vida. Yo cuando estuve chica me mantenía ocupada y ocupada, ahí estaba mi atención y luego he visto que han crecido los hijos y que todos están bien, eso me da mucho gusto. Todos se casaron y fueron formando sus propias familias. Estoy muy agradecida con Dios, él me ha dado salud y yo me la cuido.”
¿Y qué hace para cuidarse?
“Antes caminaba, ahí tengo mi caminadora en mi recámara, pero ahora verás, me quebré la cadera y me pusieron la cabeza del fémur, quedé perfecta. Ahora ando con pantuflas aquí en mi casa pero quedé muy bien, conozco mucha gente que no queda bien. Después me fui a un crucero por el Caribe con Carolina González, me encantó Panamá, ver el Canal, eso fue hace unos tres años. También fui a América del Sur, ahí se casó uno de mis nietos, en Chile. Te decía que regresando del Crucero, me volví a caer y me quitaron el bazo, tuve cirugía mayor. Claro que me cuido, tengo mis horarios para mis alimentos. No cocino con mucho aceite, no uso mucho picante, trato de comer verduras y fruta. Ahora te voy a decir una cosa, yo creo que si alguien abusa de tantas cosas, por ejemplo estaba leyendo en el periódico que el celular es malo, que puede producir cáncer en el cerebro y luego también con la computadora, pueden ser generaciones de ciegos o muy deficientes visuales. Con los ruidos esos de las discotecas, van a ser generaciones de sordos. Dios ha sido muy generoso conmigo porque ni tengo presión alta, ni diabetes, eso es un regalo Divino.”
¿Tiene algún pasatiempo aparte de las canastitas y tejer que le guste?
“Me gusta mucho la lectura, leí mucho, ya los ojos no me dan para tanto. Me gusta mucho leer sobre la historia. He leído la vida de Catalina de Aragón (mucha gente la confunde con María Estuardo). Una vez Carmen mi hija me llevó a la Iglesia donde estuvieron sepultados Enrique VIII y su esposa con lápidas de cantera.”
Platíqueme ¿cómo es un día normal para usted?
“Mi rutina despierto temprano a las 6:00 o 6:30, algún día que me quedo dormida y me despierto a las 7:30, ¡me da tanto gusto! Me levanto, recojo el periódico, luego rezo mi rosario caminando, duro de 20 a 25 minutos pidiéndole a Dios por mis hijos, orando por todas las necesidades que tenemos y claro, por la violencia. Fíjate que yo casi no tomo medicamento. Me tomo mi café instantáneo normal o descafeinado, con un chorrito de leche. También compro unas tortillas que me venden ahí en Gelos, de harina integral y les pongo requesón. A veces cuando viene la muchacha que me ayuda, me desayuno un huevo y también me tomo un jugo de naranja con papaya y cuido el azúcar aunque no sea diabética. En la comida procuro las verduras, pescado, pollo, y en la cena como algo ligero.”
¿Y con quién vive usted?
“Sola, pero viene la muchacha que te platique y ella maneja, entonces yo le doy la lista del súper y ella compra todo. A mí se me venció mi licencia y tengo que seguir las reglas, por eso la fui a renovarla aunque ya casi no manejo, sólo aquí cerca de casa de Conchita o de Gloria.”
Es una bendición que tenga una señora que le ayude en la casa, en estos días no es fácil encontrar alguien de confianza, le comenté yo.
“Fíjate que sí, y ella tiene 11 años de casada y no había tenido familia. Ahora salió embarazada por primera vez y es un embarazo de alto riesgo. Tiene la presión altísima, pero ya le dieron medicamento y resulta que solo es alta presión. Tiene 32 años.”
“Y bueno con respecto al tema de la Tanatología por el cual vienes, que a propósito Thanatos viene del griego que significa muerte, pues yo pienso y estoy consciente de que no me falta mucho tiempo para irme, pero sabes que estoy en paz y muy contenta con todo lo que vivido y sobretodo sumamente agradecida con Dios. Creo que todos vamos para allá, simplemente hay millones de seres humanos que se nos han adelantado.”
Con esta bella reflexión, termino mi entrevista con Delia, mi nueva amiga, de la cual recibí un aprendizaje maravilloso para mí que es “Actitud es igual a una vida plena”
No me cabe la menor duda que la experiencia de las personas es lo que lleva a la trascendencia personal, y como dice el refrán (que por cierto están llenos de sabiduría) y para despedirme con un poco de humor “Mas sabe el diablo por viejo que por diablo”.
Revista Chihuahua Moderno. Todos los Derechos Resevados 2010
Chihuahua Chih. Mexico
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