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Cierre de año en la política nacional

La política mexicana nos ofrece al terminar este año dos frentes que se han decidido por la unidad, y no tendrán precampañas internas: el que une al PRI, PVEM y PANAL, depositado en Enrique Peña Nieto; y la suma de fuerzas de la izquierda, representada por Andrés Manuel López Obrador. Por parte del partido gobernante, las simpatías se han despertado por Josefina Vázquez Mota, aunque también en la palestra figura quien parece ser el candidato oficial, Ernesto Cordero, con la adición de Santiago Creel.

De entrada, mientras que durante diciembre y enero las precampañas panistas moverán un poco más las figuras de sus actores, tanto Peña Nieto como López Obrador se verán imposibilitados para hacer precampaña, al no tener elección interna, a pesar de ello se han impulsado en los diversos medios de información, mediante entrevistas, apariciones públicas, y en el caso de Peña Nieto en la publicación de su libro “México, la gran esperanza, Un Estado Eficaz para una democracia de resultados”.

Al momento, la candidatura de Peña Nieto avanza como un tanque, imponiendo mediante su poderosa estructura partidista. La idea máxima que se asoma en esta candidatura, construida cuidadosamente desde tiempo atrás, es la de la unidad partidista. Se busca el poder de la unión que anteriormente definió el PRI, y al mismo tiempo plantar en la mente del electorado la idea de un partido que ha aprendido de sus errores, que le han costado contemplar la presidencia en manos ajenas durante 12 años, y que se encuentra dispuesto a reasumir el rol de constructor del país. Han llegado críticas externas e internas por la alianza con personajes y organizaciones que despiertan antipatías: el caso de Elba Esther Gordillo y del “Niño Verde”. En este caso el tiempo dará la respuesta de si esta alianza ha sido una decisión correcta.

Por parte de la izquierda el mensaje que se busca también incluye a la unidad, que incluye al PRD, PT, Convergencia, y a otras asociaciones como MORENA, algo destacable si consideramos que la historia de la izquierda mexicana se encuentra llena de rompimientos y luchas internas. Mediante una encuesta, López Obrador se impuso a Marcelo Ebrard, quien inmediatamente se puso a las órdenes de la estructura para utilizar (y ¿por qué no? ampliar) su capital político a favor del candidato. López Obrador ha sorprendido con un discurso moderado, en comparación de aquella figura efervescente y rompedora que participó en 2006 y que luego manifestó tremenda inconformidad y oposición a las instituciones. Veremos el poder de esta baza durante los meses que antecederán a la elección.

Respecto a Acción Nacional, su imagen se encuentra muy desgastada debido al ejercicio de poder de Felipe Calderón. La inseguridad y el desempleo obran su contra, a pesar de que en ciertos niveles, especialmente macroecónomicos, ha entregado buenas cuentas. La decisión presidencial de impulsar a Ernesto Cordero ha sido percibida como un reflejo de la vieja sucesión presidencial, y la personalidad de Cordero no le ayuda mucho frente al surgimiento de la figura de Josefina Vázquez Mota, quien se ha mostrado carismática, activa y con un perfil empresarial poco dado a los populismos, además de jugar muy bien la carta que le corresponde a su género. La figura de Santiago Creel tampoco se nota muy bien posicionada, sin embargo aún no se puede pronunciar palabra definitiva respecto a la candidatura azul, que esperará al próximo año para presentar alguien que pueda hacer frente al monolito priísta y la alternativa unida de la izquierda.

Así nos toma el fin de año en la política nacional, previo a un año capital en la historia, que definirá el rumbo del país por otros seis años, y que también se prevé como una prueba de fuego para el sistema democrático, últimamente tan cuestionado en nuestra nación. Esperemos que los resultados y sus beneficiarios representen un poder democrático que pueda cambiar las vidas y precepciones de las personas relegadas descontentas con la vida política nacional.