Por José Luis Reyes.
Anteriormente en esta revista hemos comentado sobre los grandes valores que Esther Chávez Cano demostró durante su vida, y ahora lo hacemos una vez más a propósito de tener en nuestras manos el libro “Esther Chávez Cano, Construyendo caminos y esperanzas”. Editado en 2010 por Casa Amiga. Centro de Crisis A.C.
El libro surgió de los grandes esfuerzos de Esther Chávez, al verse aquejada por el cáncer en los huesos y sabedora de que su vida no se prolongaría mucho más, con ese tesón que la caracterizó, en lugar de lamentarse por su enfermedad sacó las fuerzas para organizar los textos de lo que llamó historias fragmentadas, apoyada por Gloria Ramírez y Lydia Cordero, que nos cuentan en la introducción:
“Al recibir la obra para su revisión final, Esther estaba muy emocionada. Enferma, lo hizo detalladamente. No podría leer, pero escuchaba atentamente la lectura de sus historias fragmentadas, que tomaban visos de unidad a través de la bifurcación de sus propios caminos. Se hicieron las correcciones que dictaba y elaboraba con paciencia. También aceptó actualizar alguna información. A veces se quedaba dormida. Había que esperar a que despertara para continuar la tarea. Gozó la realización de su última obra que legó a Casa Amiga. Hasta de eso se ocupó personalmente.” (pág. 9)
El libro, con muchos tonos autobiográficos, nos habla de las constantes luchas de Esther Chávez. Asistimos a su infancia y sus primeros retos al quedarse sin padre a temprana edad. Notamos el ejemplo de temple que su madre y sus hermanas demostraron al no dejarse vencer por esa circunstancia. Posteriormente surgen nuevas luchas al enfermar su madre, con lo que se trasladan Esther, su hermana Martha y su madre a Guadalajara. Nos cuenta sobre sus primeros trabajos y como fue metiéndose poco a poco al mundo empresarial de ese entonces, que era casi completamente masculino. Posteriormente asistimos al dolor de la pérdida de su madre y las reflexiones que ello le causó. Luego viajamos con ella hacia el D.F. donde se volvió una ejecutiva consumada en diversas empresas, y posteriormente a Cd. Juárez, donde empezó, por la vía del periodismo, a involucrarse en la lucha por las causas sociales, especialmente los derechos de las mujeres, que desembocaría en franco activismo durante las décadas 90 y 2000.
Con un estilo franco y claro, nos habla de diversas situaciones que vivió durante su activismo. Desde el terrible drama que pasan las mujeres violentadas, la apatía y el maltrato de diversas autoridades, las luchas políticas que implica el activismo, los desencuentros al depositar confianza y cariño en personas que no correspondieron a la lucha; pero también nos habla de los momentos que hacía que todo valiera la pena, el rescate de las sonrisas de las mujeres y su prole, los casos que se lograron superar, el agradecimiento expresado en muchas formas por las víctimas de la violencia una vez recuperadas.
Se demuestra su carácter firme y decidido al mostrar sin tapujos sus opiniones sobre el machismo, la participación de las autoridades de diversos partidos, el papel de la iglesia en la cultura machista y violenta. Es notoria su indignación por el trato que generalmente reciben las víctimas al denunciar los delitos cometidos contra ellas.
Así como opina con vigor sobre los puntos que no le parecen, también tiene grandes y cariñosas muestra de agradecimiento y afecto hacia todos aquellos que participaron y colaboraron por la causa que aún no encuentra plenitud: La erradicación de la violencia contra la mujer y contra los pequeños que no pueden defenderse.
Particularmente perturbadores y emotivos son los testimonios directos de mujeres que solicitaron ayuda en diversos casos a Casa Amiga. Algunos con finales felices, otros muy tristes, y otros con la incertidumbre de lo que pasaría eventualmente, pero todos nos mueven la entraña y nos causan empatía con esas víctimas. En estos tiempos donde la nota roja de carácter extremo campea por varios medios de información y nos hace perder la capacidad de asombro, resulta importante destacar el aspecto humano de cada uno de los dramas que la violencia extrema provoca en esta sociedad.
El legado de Esther Chávez debe proseguir. Observamos como en aspectos legislativos y administrativos, poco a poco sus luchas por implantar una visión de género y para que se dediquen esfuerzos legislativos e institucionales a la problemática de la mujer van tomando forma. La valentía, determinación y coraje que Esther Chávez Cano demostró en todas las etapas de su vida nos proporcionan un gran ejemplo a seguir.
Revista Chihuahua Moderno. Todos los Derechos Resevados 2010
Chihuahua Chih. Mexico
Revista Chihuahua Moderno. Todos los Derechos Resevados 2010
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