Por: Lic. Ivonne Quezada Sandoval
En Chihuahua Moderno consideramos que la experiencia del presente y del futuro se relaciona con un debido aprendizaje del pasado, de tal modo, gustamos de resaltar algunos aspectos de la vida pasada en estas tierras, con el fin de contrastar y dar oportunidad a una debida reflexión.
En este contexto es que presentamos nuestra versión de la entrevista que realizó Ivonne Sandoval a la Sra. Ema Delia Chávez de Rascón, con motivo de un diplomado en tanatología. La entrevista presenta tantas facetas que decidimos incluirla íntegra en dos entregas.
Primero que nada me gustaría comentar que la experiencia de entrevistar a una persona de la tercera edad, ha sido totalmente gratificante, enriquecedora y además ejemplo de vida. Para mi entrevista con la Señora Ema Delia Chávez de Rascón, quien es por cierto una hermosa persona, con una actitud de vida ejemplar, me permití llevar una grabadora, de tal suerte que no perdiera yo ningún detalle de su conversación, así que en mi redacción presento varios textos entrecomillados para no modificar sus propias palabras.
En uno de estos días de extremos calores y empezando a caer la tarde, llegué a visitar a mi querida nueva amiga Delia. Fue simpático porque sólo unos cuantos minutos antes de mi llegada a su casa, uno de sus hijos mayores le había comentado que iba a ir yo a su casa para hacerle una entrevista y ella no sabía ni de qué se trataba y aún así me recibió con la mejor disposición y apertura, por lo cual les estoy muy agradecida, y me permitió hacer una entrevista de lo más interesante y donde las dos nos divertimos y la pasamos estupendo.
Me abrió la puerta una de sus hijas y de inmediato me hicieron pasar a la sala de la casa, bastante confortable y con un buen aire acondicionado. Me ofrecieron de tomar y pedí un vaso con agua para aminorar la sed y el calor. Casi de inmediato llego Delia, una señora de tez blanca, de cabello cano, de baja estatura, con un bastón en la mano, que de inmediato dejó de lado porque en realidad no lo necesita, y sobre todo con una espléndida sonrisa de recibimiento para mí. Me tomo la libertad y confianza de expresarme de ella como “Delia”, a pesar de nuestra diferencia de edad y del poco tiempo en que nos conocimos, porque me pareció una persona de espíritu joven. Nos sentamos juntas en la sala y le agradecí que me recibiera en su casa con tan pocos minutos de antelación, también le expliqué el motivo por el cual estaba ahí. Le dije que necesitaba hacerle una entrevista a una persona de la tercera o cuarta edad para un proyecto de un diplomado de tanatología que estaba estudiando, en el que quería que me platicara sobre algunos aspectos de su vida, lo que ella quisiera, a lo que accedió con una amable sonrisa. A continuación redacto la entrevista:
“Mi nombre fue siempre uno solo después de viuda hace 19 años. Tengo dos nombres. Nací el 27 de Septiembre de 1922 en Santa Bárbara, Chih. Nunca viví allí, yo creo que de brazos me trajeron y siempre viví en Chihuahua. Siempre en la misma casa. Tenía yo 4 años cuando mi papá compró una casa en el centro de la ciudad, en la calle Ojinaga y 14, así que llegue allí a los 4 años y ahí me casé. Luego lo del nombre sucedió así:tenía una hermana mayor que me llevaba 2 años y meses, y luego nací yo. Entonces se fue mi papá a registrarme y llevaba a mi hermana mayor de la mano, y le pregunta la señora del Registro Civil: “Y dígame señor, ¿cómo se va a llamar la niña?” Y ella misma empezó a sugerir nombres para ver cual le gustaba más a mi hermanita mayor y cuando dijo Ema, dijo la niña: “Sí Ema, me gusta Ema”, y así me pusieron. En Santa Bárbara yo creo que se escribe con una “M”, porque así me pusieron en el acta, pero cuando llegaron a la casa, una tía, hermana de mi papá, que dicen que era muy ocurrente, pregunto cuál era el nombre que me habían puesto y dijo “nooo ese nombre no me gusta, tengo una amiga cacariza que se llama así y eso se pega”. Dijo mi mamá: pues así la registraron y ni modo. Mi mamá era muy recta, prudente, una madre excelente. Entonces pasó el tiempo y me llevan a bautizar en Santa Bárbara, Chih. y mi tía, otra vez, estuvo muy pendiente y sin que se dieran cuenta, fue a la iglesia primero y dijo que yo me iba a llamar Delia, entonces me bautizaron Delia. Como mi mamá era muy buena cristiana, le dijo a mi tía Sofía: “La niña se llama Delia porque así fue bautizada y el nombre que vale es el que está ante Dios, así que mi hija se llama Delia”.
Siempre me llamé Delia, como antes no pedían las actas de nacimiento en la escuela ni nada, entonces fui Delia, pero en mi acta de nacimiento… pura Ema”.
Seguido a su explicación y pensando en los conflictos de hoy en día con los nombres correctos y todos los tramites que suceden por eso, le pregunté: “Y en su pasaporte, ¿cómo le hizo, cual nombre registró? A lo cual Delia respondió: “Cuando saqué mi pasaporte, lo registré como Ema Chávez, pero después de viuda, como siempre fui muy inquieta y me gustan los negocios me tenía que registrar en Hacienda. Pues un día pasó mi tía y me dijo que tenía que hacer un juicio de jurisdicción voluntaria, y le dije: oiga tía, ¿usted qué cree que va a pasar? Y ella me dijo no te preocupes hija, y bueno, recordamos la anécdota del bautizo, pues mi tía seguía siendo la misma de siempre, muy simpática y seguía haciendo las cosas a su manera, yo creo que la querían y la conocían muy bien. Entonces vino y me dijo: “Ya está arreglado, toma tu acta Ema Delia, nada de juicio, fui y le dije al del Registro, ándale mijito ponle aquí Ema Delia”, y así fue como se arreglo, la que lo descompuso, lo arreglo y esa es la historia de mi nombre.”
Después de reírnos un rato, le pregunte qué recordaba sobre su infancia, a lo que Delia relató:
“Aquí viví siempre. Mi papá era de Parral, quedamos huérfanos muy chicos, el murió del corazón a los 42 años, muy joven y yo tenía apenas 12 años. La mayor 14 y la más chiquita 1 año 5 meses. Éramos 8 hermanos y yo era la segunda, en total 6 mujeres y 2 hombres, así era la época, así se usaba antes y al rato te platico porque yo seguí con la tradición pero al doble (ríe).
Entonces muy chiquilla me quede a estudiar. Mi mamá fue una mujer muy inteligente, muy prudente, muy sensata, muy buena cristiana, nos enseñaba muy bonito, nos decía desde la honradez “un centavo ajeno, es un centavo ajeno. Un alfiler ajeno, sigue siendo ajeno.” Nos recalcaba mucho la instrucción de la educación y la buena conducta, siempre estaba muy al pendiente. Fíjate que todos salimos adelante.
Mi papá nos dejó ganado, lo tenía en Ojo Laguna. Teníamos casa propia, gracias a Dios. Un tío de la familia ayudó a mi mamá a tomar decisiones porque mi mamá era muy joven, tenía 38 años, no conocía el negocio de mi papá. Es más, nunca fue al rancho. Mi papá tenía la compra y venta de ganado. Al fallecer mi papá, mi mamá vendió el ganado a un Diputado, asesorada por mi tío, y no terminaban de pagárselo, pero mi mamá era prima de la familia de Maclovio Herrera Cano y Carlos Herrera estaba de Tesorero, así que decidió ir a Palacio de Gobierno para buscar que le pagara el Diputado. Cuando se encontró a Carlos Herrera y le preguntó a mi mamá que qué hacia ahí y mi mamá le explicó, el mismo Carlos la acompañó a hablar con el Gobernador, al cual le explicó que el Diputado no le terminaba de pagar lo que le debía y el Gobernador, le contesto “No se preocupe Señora, váyase a su casa, ahí le van a pagar el dinero” y así fue como le pagaron a mi mamá.”
La anécdota fue interesante, ya que quedarse viuda con tantos hijos, no fue cosa fácil y más si fuiste una persona dependiente del esposo y podía haber gente que abusara de la situación, pero la historia fue diferente, así comentó Delia:
“Te voy a decir una cosa, en sí es una anécdota, yo creo que desde mi abuela, la mamá de mi papá todos fueron gentes muy adelantadas a su época, porque dice mi mamá que ella quería ser profesora, ella tenía muy bonita letra y total, platicaba que mi abuela de nombre Lucrecia Jiménez, hija de un General Dámaso Jiménez, que en Parral hay una calle Dámaso, y te digo esto porque ya fui ahí y en esa callecita hay una iglesia donde se venera a la Virgen del Rayo que es la que se venera en Parral. Ese Dámaso Jiménez era el padre de mi abuela paterna, era mi bisabuelo. Así que un día mi abuela, que era una mujer muy bonita, se encontró en la calle con mi mamá, que ya andaba de compromiso con mi papá y le dijo “Ven mijita, ya me dijo mi hijo Alberto que tienen planes de boda y yo te quiero hacer una pregunta”. Sí Doña Lucrecia, contestó mi mamá.
¿Sabes hacer tortillas? No Doña Lucrecia. Ay qué bueno mija, contestó mi abuela, ya se me hacía que contestabas que sí, porque sabes que luego el hombre se acostumbra y luego cree que el lugar de la mujer es detrás del fogón, y fíjate que yo tuve muchos hijos, siempre viví en esta hacienda cerca de Parral y nunca hice tortillas”. Y en 1917, esa pregunta estaba adelantada a su tiempo. Por eso te platico que a mi familia le gustaba leer, escribir, la parte creativa, siempre inquietos y eso yo lo heredé.”
“Teníamos la casita frente a la calle Ojinaga, que con el tiempo, la compró uno de mis hermanos y luego uno de mis hijos. Entonces muy jovencitas tuvimos que trabajar Luz Elda mi hermana mayor y yo. Antes de cumplir 15 años, ya estaba sentadita en una oficina viendo a todas las muchachas de mi edad jugando, nunca me pesó, fui feliz. En esa época se usaba que una estudiara comercio y fíjate que yo salí de primaria con muy buena ortografía y tenía muy bonita letra. Me tocaron unas profesoras que ¡qué barbaridad! Tenían vocación, tenían preparación, todo era bueno. Entonces estudié curso comercial. Uno de mis maestros fue el Licenciado Cordero, me dio economía política. Nos daban geografía, historia universal, taquigrafía, mecanografía, caligrafía y tenía una maestra tan buena en caligrafía, nos tuvo meses con el óvalo, con el óvalo. Después muy jovencita entré a trabajar con Rafael Vallina en un banco que puso, el banco de crédito industrial que se fusionó después con el Comercial mexicana, que ese lo fundo Eloy Vallina, hermano de Don Rafael. Don Rafael, cuando iba a escribir algo me decía “Muchachita, venga con su letra”, porque ya sabía que tenía bonita letra. Todavía escribo de corrida y no soy temblorosa ni nada (ríe). Y es que la verdad en aquella época se hacía mucho énfasis en que la gente tuviera bonita letra y en la importancia de la ortografía. Yo me acuerdo que en el negocio con mi esposo, vendíamos casas y terrenos, él era muy buen vendedor y yo me encargaba de la papelería, e iba a las notarias y a los bancos y ver créditos y siempre en las notarías yo les corregía la ortografía a las muchachas, ya se ha descuidado mucho eso en las escuelas.
Me decepciona mucho lo que se ha descuidado la educación en este país, yo no soy de ningún partido político, pero como todo el mundo me siento decepcionada. A mí me toco esa niñez hermosa que teníamos las señoras, en los lugares todas se conocían, platicábamos, los niños jugaban en la calle, una cosa preciosa, había muy buenas costumbres entre toda la gente y mucha honradez, respeto, valores muy sólidos, principios y mucho énfasis en la educación de las familias. Pero ahora veo que no. Esa pobre gente que ahora tiene que trabajar porque si no le quitan el carro, y muchos que ya tienen un carro, ahora quieren dos y por eso la mamá se va a trabajar al igual que el marido. La gente muy humilde que trabaja en la obra, a veces tiene trabajo, a veces no y no tienen oportunidad de tener siquiera la primaria.
Yo sí creo que la mujer tiene un papel importantísimo en el hogar, claro que el hombre también tiene que ayudar, pero yo digo como invención mía, que el hombre está más en manos de la mujer, que la mujer en manos del hombre. Claro raras excepciones porque si a un hombre le toca una mujer de esas de “cascos ligeros”, ¡ay qué fastidio! Si le toca una mujer sucia, ahí seguirá, si le toca una mujer que no se sabe administrar también así seguirá. Pero yo sí digo, si la esposa tiene ciertos refinamientos, tiene buen gusto, si sabe educar a la familia en cuestión de religión, de principios, el hombre tiene más que hecha su vida familiar.”
Continuará en el próximo número…
Revista Chihuahua Moderno. Todos los Derechos Resevados 2010
Chihuahua Chih. Mexico
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