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Emprendedores: rebeldes con causa

It has to start somewhere,
It has to start sometime;
what better place than here,
what better time than now
Fragmento de “Guerrilla Radio”
 – Rage Against the Machine

Por Hugo Ulises Cobos. Twitter: @hulises_cobos

La rebeldía es un acto de madurez, una muestra de reflexión y consciencia de que estamos en contra de algo establecido, de que simplemente algo no nos parece. Es la manifestación de una racionalización, si no profunda, al menos suficiente para decidir desacatar determinado estatus e intentar hacer algo para cambiarlo.

Cuando optamos por rebelarnos contra algo o alguien, sacamos a la luz nuestra forma de pensar y sentir de una manera más definitoria, más tajante, más auténtica. No negociamos, no dudamos; sólo levantamos el puño de nuestra voluntad y le gritamos al mundo: “me importa un bledo”.

La verdad es que sí importa. En la rebeldía de la que hablo todo importa. Importan las formas, los fondos, las consecuencias. Importan nuestros ideales y nuestra fantasía de cómo debieran ser las cosas. Es por eso que resulta fascinante. Estamos dispuestos a encarar el producto de nuestros actos con firmeza y convicción. Somos lo que se podría llamar “rebeldes con causa”.

Un emprendedor es un rebelde; una persona que ha decidido cortar el cordón que le une a un estado de seguridad y tranquilidad. Alguien que ha renunciado al cobijo de la nómina y al calor de la prestación. Un ser que ha llegado a la conclusión de que sólo quiere escuchar los regaños de su propia consciencia y recibir las palmadas de su intuición.

El filósofo mexicano Óscar de la Borbolla en su libro “La rebeldía de pensar” (2006), menciona que el pensador es un rebelde, pues se vuelve como un ave que empieza a volar. Lo importante no es que llegue a la copa del árbol más alto, sino que despegue del suelo; del sólido, firme y seguro suelo que lo sostiene.

Así pues, un emprendedor se convierte en ese pensador de su propia realidad en un filósofo de su propio mundo; en un ave que busca su propio árbol. En un rebelde.
El mundo de los negocios puede llegar a ser un tanto cuadrado. Lleno de reglas, principios, lógica y predisposición. Un mundo lleno de caminos previamente recorridos cada vez más acentuados y sin muchos senderos alternativos. Todo está escrito; todo está hecho.

Las pequeñas y medianas empresas suelen apegarse a un estatus quo inamovible y recto que no necesariamente responde a la dinámica de los mercados en que se desenvuelven.
La respuesta y solución es la rebelión. Sí, la rebelión de ideas, de actos, de los propósitos que se formula un emprendedor. Rebelión que se deriva de cuestionarlo todo, de hacerse la pregunta más importante que puede existir: ¿Por qué?

¿Por qué ofrecer al cliente lo mismo que los demás? ¿Por qué realizar las mismas estrategias de siempre? ¿Por qué copiar lo que hace la competencia? ¿Por qué no cambiar? ¿Por qué no hacer algo único?  ¿Por qué no arriesgarse? ¿Por qué estoy haciendo esto?
Romper paradigmas, modificar esquemas, pensar fuera de la caja se antoja complejo, desafiante, atrevido y, a veces hasta insensato. Pues bien, la única manera de saber si tenemos alas es aventándonos.

El emprendedor debe tomar el estandarte de la innovación, la inconformidad y la diferenciación; pero, debe sobre todo, ser único. Ser un pensador, un ejecutor y un líder, un renegado de las antiguas formas; de lo tradicional. Un guerrillero que opera desde la trinchera, que ve el claro de los ojos y  lee a su consumidor.