Imagen

Cómo lograr mayor productividad con menos tiempo de trabajo

Por Tony Schwartz, con traducción y edición de Chihuahua Moderno.

Dos personas con habilidades de trabajo similares trabajan en la misma oficina. Digamos que ambas llegan al trabajo a las 9 am y se van a las 7 pm cada día.

Arturo trabaja sin parar, haciendo malabares con sus actividades y corriendo entre reuniones durante todo el día. Incluso hace el “lunch” en el escritorio. ¿Suena familiar?

Jaime, en contraste, trabaja intensamente por 90 minutos seguidos, y luego toma un descanso de 15 minutos antes de volver al trabajo. A las 12:15, sale a tomar el “lunch” por 45 minutos, o se ejercita en un gimnasio cercano. A las 3 pm, cierra sus ojos en el escritorio y descansa. A veces esto se vuelve una siesta de 15 a 20 minutos. Finalmente, entre las 4:30 y las 5, sale a dar una caminata de 15 minutos.

Arturo permanece 10 horas en el trabajo. Empieza la jornada a un 80% de su capacidad, pero instintivamente toma un ritmo de trabajo más bajo en vez de entregar toda su capacidad, pues sabe que aún le espera un largo día.

A la 1 pm, Arturo se siente un poco fatigado. Ha caído al 60% de su capacidad y está perdiendo energía. Entre 4 y 7, se desempeña en un promedio de un 40% de su capacidad.

Esto se conoce como la ley de la capacidad decreciente. El promedio de Arturo tras 10 horas de trabajo es de un 60% de su capacidad, lo que significa que desempeña 6 horas de trabajo efectivas por jornada.

Veamos a Jaime en las mismas 10 horas. En un principio trabaja confortablemente a un 90% de su capacidad, pues sabe que tendrá un descanso antes de que pase mucho tiempo. Reduce un poco de sus horas de trabajo, pero después del “lunch” o el ejercicio, y una siesta a media jornada, sigue a un 70% durante las tres horas restantes de la jornada.

Jaime sustrae un total de 2 horas de las 10 de su jornada, así que sólo se desempeña durante 8. Pero durante ese tiempo, se desempeña a un promedio de un 80% de su capacidad, así que entrega un poco menos de 6 y media horas de trabajo efectivas, una media hora más que Arturo.

Como Jaime está más concentrado y alerta que Arturo, comete menos errores, y cuando regresa a su hogar, tiene más energía para dedicarla a su familia.

El valor que generamos no sólo se determina por las horas pasadas ante un escritorio. También es un asunto de la energía que dedicamos en ese tiempo al trabajo. Los seres humanos estamos diseñados para gastar y renovar energía intermitentemente. Así es como trabajamos a nuestro máximo. Mantener una buena reserva de energía (física, mental, emocional e incluso espiritual) requiere recargarse intermitentemente.

Trabajando como Jaime, obtendremos más actividades logradas en menor tiempo, con un nivel de calidad y durabilidad mayores.

Al crear un lugar de trabajo que valora una relación balanceada entre trabajo intenso y renovación de energía, no sólo obtendremos una mayor productividad de nuestros empleados, sino un mayor compromiso y satisfacción laboral de su parte.

Hay mucha evidencia sobre el que un descanso y recarga de energías adecuados ayudan al desempeño.

Consideremos un estudio dirigido por la NASA, en colaboración con la Administración Federal de Aviación (EE.UU.), en pilotos de trayectos largos. A un grupo de pilotos se le dio la oportunidad de tomar 40 minutos de siesta durante el vuelo. Su tiempo de reacción promedio mejoró en un 16% luego de sus siestas.

Los pilotos sin siestas, examinados en un punto similar del vuelo, experimentaron un deterioro del 34% en sus tiempos de reacción. También presentaron 22 microsueños de 2 a 10 segundos durante los últimos 30 minutos del vuelo. Los pilotos que tomaron la siesta no tuvieron este problema.

También podemos considerar el estudio que hizo el experto en desempeño Anders Ericcson en violinistas de la Academia de Música de Berlín. Los mejores violinistas practicaban en sesiones que nunca excedían de los 90 minutos, y tomaban un descanso entre cada una. Casi nunca practicaron más de 4 horas y media en un día. Entendían de modo instintivo la ley de las capacidades decrecientes.

Los mejores violinistas también disfrutaron de un promedio de más de 8 horas de sueño por noche, y tomaban una siesta de 20 a 30 minutos cada tarde. Durante una semana, dormían 16 horas más que lo que duerme el estadounidense promedio.

Durante mis 30´s y 40´s, escribí tres libros. Me sentaba al escritorio cada día de 7 am a 7 pm, luchando por mantener la concentración. Para escribir cada libro me llevó por lo menos un año. Para mis dos libros más recientes, escribí en un horario que se ajusta al de los mejores violinistas, con tres sesiones de 90 minutos con un reposo entre cada uno.

Escribí ambos libros en seis meses, gastando menos de la mitad del número de horas que en cada uno de mis primeros tres libros. Cuando trabajaba, estaba realmente trabajando. Cuando recargaba, ya fuera tomando algún refrigerio, meditando, o corriendo un poco, estaba realmente en recarga de energía.

El estrés no es el enemigo en el centro de trabajo. De hecho, es uno de los medios para expandir nuestra capacidad. Pensemos en el trabajo con pesas. Estresando nuestros músculos y dándoles tiempo de recuperarse, gradualmente aumentamos nuestra fuerza. El enemigo radica en la ausencia de oportunidad para recargar energías.

Fuente: http://blogs.hbr.org/schwartz/2011/12/how-to-accomplish-more-by-doin.html