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Mario Moreno. “Cantinflas”

Este mes de agosto celebraríamos cien años de vida de uno de los cómicos mexicanos que se quedaron en la historia con sus actuaciones, sus personajes, su jerga característica y su particular forma de vestir y de bailar, hablamos de Cantinflas.

Cómico de carpa, soldado, actor, bailarín, boxeador, torero bufo, articulista, guionista, cantante y productor. Fortino Mario Alfonso Moreno Reyes nació el 12 de agosto de 1911 en la Ciudad de México y murió en la misma ciudad el 20 de abril de 1993, a causa de un tumor maligno.

En 1927 inició la carrera de Ingeniero Agrónomo en la Escuela Nacional de Agricultura, pero al poco tiempo interrumpió sus estudios para enrolarse en el Ejército, donde permaneció siete meses hasta que su padre fue a darlo de baja por ser menor de edad “(...) hubo de regresar con la vergüenza de haberse visto descubierto en mentiras. Así, sin uniforme, y dado de baja de las Fuerzas Armadas de nuestro país, decidió dedicarse al boxeo profesional y ser una gran figura.” (Ahí está el detalle...” Vida y obra de Mario Moreno Reyes. Fundación Mario Moreno Reyes, México. S/f. P. 85).

Para aprender los secretos del box se acercó al púgil Carlos Pavón y tomó el sobrenombre de El Chato Moreno. Su carrera como boxeador no llegó muy lejos, pues, Moreno Reyes era poco disciplinado: “No entreno, mano, porque cuando me preparo y dizque entreno muy duro y toda la cosa nomás pierdo. Mejor así, nada más me avisan...” (Ahí está el detalle...” Vida y obra de Mario Moreno Reyes. Ob. Cit. P. 88).

Posteriormente, El Chato Moreno al ser noqueado decidió colgar los guantes y dedicarse por completo a la actuación. En un principio Mario Moreno sólo bailaba con la cara pintada de negro interpretando El Charleston Negro. A finales de los años veinte y principio de los treinta su nombre artístico fue Polito. Después en la Carpa Rosete se anunció con el nombre de Cantinflitas Parodista. Su compañera en el escenario, la vedette Yoly-Yoly, “(...) tuvo el tino de ir haciéndole pruebas y servir de espejo para que Mario empezara a encontrase a sí mismo.” (Ibid. P. 150). Fue en la Carpa Mayab donde cambió de Cantinflitas a Cantinflas por sugerencia de la actriz Celia Tejeda.

Sobre su apodo Mario Moreno Reyes comentó, en 1937, para la revista Todo, lo siguiente: “En primer lugar, debo decirle a usted que yo no sé qué quiere decir eso de Cantinflas, en Cuernavaca, uno del público me gritó ¡Ese Cantinflas!, y como me hizo gracia el nombrecito, lo adopté.” (Ibid. P. 137)

En 1932 trabajó para la compañía Sotelo, donde conoció a la que más tarde sería su esposa, Valentina Subareff. “En el año de 1933 se presentó en la carpa Valentina y de ésta pasaría al Salón Rojo hasta que en 1936, el jueves 15 de octubre, debutó en el teatro Follies Bergere.” (Cuadernos de la Cineteca Nacional. No. 9 (Ensayos, investigación y biografías). Segunda época, México. Secretaría de Gobernación, Dirección General de Radio, TV y Cinematografía, 1979. P. 149).

En 1936 incursionó en el cine, con un papel cómico, en la cinta No te engañes corazón, del director Miguel Contreras Torres. En ese mismo año debutó como torero bufo en la Plaza Vista Alegre, ubicada en San Antonio Abad. En 1937 participó en ¡Así es mi tierra! (Dir. Arcady Boytler) junto al cómico Manuel Medel. Pocos meses después el director Arcady Boytler reunió nuevamente a la pareja Medel-Cantinflas para realizar Águila o sol, considerado como uno de los mejores filmes de comedia de la época. Además este largometraje le dio a Cantinflas proyección en Estados Unidos, Centro y Sudamérica.

Vendría El signo de la muerte (1939) donde trabajó bajo la dirección de Chano Urueta, con guión de Salvador Novo y música de Silvestre Revueltas.

En 1939 participó en la fundación de la productora Posa Films. Los primeros trabajos de esta productora fueron los cortometrajes: Siempre listo en las tinieblas (Dir. Fernando A. Rivero, 1939); Jengibre contra Dinamita (Dir. Fernando A. Rivero, 1939); Cantinflas boxeador (Dir. Fernando A. Rivero, 1939); Cantinflas y su prima (Dir. Carlos Toussaint, 1940) y Cantinflas ruletero (Dir. Fernando A. Rivero, 1940), escritos por Estanislao Schillinsky y protagonizados por el mismo Cantinflas.

Sin embargo el primer éxito de Posa Films fue la película ¡Ahí está el detalle! (Dir. Juan Bustillo Oro, 1940). “Con la filmación de esta cinta, “(...) Mario Moreno logró su consagración definitiva. En ella, la figura del peladito, con su humor típicamente popular, corrosivo y confusamente verborréico, adquiere una mayor resonancia y brillantez en el contexto de un humorismo más convencional como es el que caracterizó al cine de Juan Bustillo Oro.” (Cuadernos de la Cineteca Nacional. No. 9. Ob. Cit. P. 150)

En 1941 protagonizó Ni sangre ni arena (Dir. Alejandro Galindo), actuación por la que recibió los elogios de Charles Chaplin al considerarlo como uno de los mejores cómicos del mundo. Un mes después del estreno de esta cinta se inició el rodaje de El gendarme desconocido bajo la dirección de Miguel M. Delgado. Con este filme se inauguró un largo periodo de colaboración entre actor y director que culminó con El barrendero (1981), última intervención cinematográfica del cómico.

Actuó en cerca de 49 películas, de las cuales trabajó en la escritura del guión de diez: El bombero atómico (1950), Si yo fuera diputado (1951), Su excelencia (1966), Por mis pistolas (1968), Don Quijote sin mancha (1969), El profe (1970), Conserje en condominio (1973), El ministro y yo (1975), El patrullero 777 (1977) y El barrendero (1981).

Cantinflas además, colaboró como articulista en las revistas Vea (1937) y Don Timorato (1944). De 1942 a 1944 fue Secretario General de la Asociación Nacional de Actores (ANDA). En 1943 la Unión de Periodistas Cinematográficos Mexicanos (PECIME) le otorgó el Premio por la Mejor Actuación Cómica. En 1945 firmó un contrato con la estación de radio XEB para realizar transmisiones hacia el interior del país. En 1946 Cantinflas fue al Festival de Cannes en representación del cine mexicano.

Por su trabajo recibió varias distinciones internacionales: fue considerado miembro honorario de la policía de Guatemala, jefe honorario de la policía de Colombia, doctor Honoris Causa de la Universidad de Michigan, maestro rural de Colombia y maestro honorario de México y Venezuela.

Entre los reconocimientos que recibió se encuentra una estrella en el Paseo de la Fama en Hollywood, Globo de Oro en la categoría de Mejor Actor por su participación en la película “La vuelta al mundo en ochenta días” y, por los logros conseguidos a lo largo de su vida por parte de la Academia Mexicana del Filme.

En 1983, en la sede de la Organización de los Estados Americanos (OEA), fue proclamado Símbolo de Paz y alegría en las Américas y recibió las llaves de la capital federal de los Estados Unidos. Ese mismo año grabó su disco Todos los niños del mundo con el fin de recaudar fondos para la United Nations Children’s Fund (UNICEF). Además se realizó la serie Cantinflas Show, de dibujos animados, basada en su personaje.

En 1984 la Real Academia de la Lengua aceptó el término cantinflear y se publicó su libro Su excelencia (Ediciones Comunicación). En 1987 recibió el Ariel de Oro por su contribución a la cinematografía mexicana. Durante los siguientes años hasta su muerte, 1993, Mario Moreno Reyes Cantinflas se dedicó a la actividad filantrópica.

Luego de padecer de cáncer de pulmón, fallece el 20 de abril de 1993. A su funeral asistieron miles de personas, convirtiéndose en un evento nacional, durando tres días. Sus cenizas yacen en el Panteón Español de la Ciudad de México, en la cripta de la familia Moreno Reyes.

Un genio cómico

Cantinflas será recordado por hacer triunfar a un pícaro de buen corazón que presenta cierto paralelismo con el personaje de Charlot de Charles Chaplin, si bien la clave del mexicano estuvo siempre vinculada a su disparatada e inagotable verborrea, que lo convirtió en el genio cómico más popular que México ha dado. Su personaje basó su comicidad en unas reacciones ingenuas, en su asombrosa naturalidad y en sus personalísimos y desvariados monólogos, continuos, embarullados, inagotables, auténtico flujo del más delirante verbalismo que empezaba con inusitada fluidez y terminaban en balbuceos y galimatías ininteligibles, en interminable verborrea, mientras movía incansablemente su mano izquierda para acompañar la insólita proliferación de sus muecas.

Su actuación era, ante todo, fruto de la soltura y la agilidad; las situaciones más disparatadas y extraordinarias brotaban con maravillosa sencillez. De Mario Moreno no pasarán a la historia del arte cinematográfico unas películas que no tienen, a decir verdad, nada de extraordinario, pero, en cambio, su personaje, su figura, su personalísimo estilo interpretativo y su singular sentido del humor ocupan ya, por méritos propios, un lugar relevante en el firmamento del séptimo arte.

Sus caídos pantalones, su aspecto descuidado y chabacano se convirtieron en el estandarte hispano de una clase de humor, teñido de absurdo, que tiene, tal vez, sus mejores representantes en los míticos hermanos Marx y que le permitió alcanzar una enorme popularidad en los países de habla española, aunque ponía trabas, simultáneamente, a sus posibilidades de atravesar las fronteras idiomáticas, pues, como ya se ha indicado, su personaje cinematográfico, debía buena parte del éxito que obtuvo a su libérrima utilización del idioma, una característica que, como es lógico, hacía muy difícil la penetración de su humor en ámbitos distintos al de la lengua española.

Su exagerada caricatura del “pelao” mexicano -miembro de la clase baja, equivalente al golfo madrileño o al “roto” chileno-, se apoyaba en unos calzones siempre a punto de caer, sujetos las más de las veces con un imperdible, que parecían exigir a gritos un cinturón o unos tirantes, en unos zapatos hechos trizas, una camisa arrugada (cuando la llevaba) saliéndose por todas partes, un raído sombrero de paja y un trapo que le colgaba del hombro, a modo de gabardina.

Esta indumentaria se convirtió en el signo distintivo de su humor y de su obra, hasta el punto que, desencarnada ya, abandonando los límites del actor Mario Moreno, pasó a configurar el personaje televisivo de una larga serie de dibujos animados, cuyo rostro sin afeitar y desgraciada estampa corresponden indistintamente a la de un vagabundo o a la de un pordiosero dueño, como su creador, de un lenguaje fluido, incontenible e incoherente, confuso y disparatado, incomprensible pero indispensable para poder salirse con la suya en las situaciones más dispares.

Considerado por muchos el sucesor de Charles Chaplin, Cantinflas heredó de aquél el corazón. Sólo que el pelao mexicano, tan pobre como Charlot, a diferencia de éste, no vivía obsesionado por su pobreza y se permitía el lujo de compadecer a los ricachones.

Fuentes:  http://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/cantinflas.htm , http://escritores.cinemexicano.unam.mx/biografias/M/MORENO_reyes_mario_cantinflas/biografia.html