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Festival de Jazz de la ciudad de Chihuahua

Por: José Luis Reyes.

El pasado mes de julio se realizó en nuestra ciudad el Festival de Jazz de Chihuahua, cuyas diversas actividades nos muestran que el poder de la interacción y de la voluntad de trabajo se imponen a la apatía que muchos suponen atributo forzoso del chihuahuense.

Ramón Bermúdez, uno de los principales organizadores del evento, nos comenta algunos asuntos y situaciones sobre el Festival. Ramón, Lic. en Artes por el Instituto de Bellas Artes de la UACh. se decidió a estudiar una maestría en Jazz en la Universidad de Puerto Rico, en San Juan. Su estancia y participación en varios eventos de jazz, tales como el Festival de Jazz de Jalapa, el de Puebla o el de Puerto Rico le parecieron excelentes medios de difusión del género, que fomentan la interacción y retroalimentación tanto entre músicos provenientes de diferentes sitios, como entre éstos y el público asistente. Con el tiempo surgió la idea, la cual al principio consistía solamente en traer a algunos maestros y expositores a impartir algunas clases y seminarios, pero al conseguir apoyos y la colaboración de varios agentes tomó la forma que finalmente pudimos observar.

Aunque el apoyo gubernamental resultó definitivo, el proyecto tomó forma por la voluntad de los involucrados en crear un espacio para difundir el jazz. La sinergia y el apoyo mutuo entre una red de contactos favorecieron el buen desarrollo del Festival. Desde el contacto con los músicos que nos visitaron desde otros lugares del país y de otras naciones (en caso concreto Costa Rica), hasta los contactos para transporte, hospedaje, difusión y publicidad.

Uno de los principales propósitos del festival es desechar la idea de que el jazz se trata de un género musical cerrado y elitista, sólo para ciertos círculos, pues el origen del jazz está en la calle y la bohemia, y cualquier persona puede apreciarlo y disfrutarlo aunque carezca de contexto y educación musical. Para ampliar los horizontes y el tipo de presentación ante el público se presentaron el show callejero, exposición fotográfica, proyección de una película, y una plática, entre otros, además de los puramente musicales, como fueron las sesiones de presentación de maestros y alumnos, en los diversos eventos.

La asistencia a los eventos fue realmente buena, considerando que se trató del primer festival, y tomando en cuenta que generalmente el público es algo receloso con los primeros intentos. Así tenemos que en la inauguración en Palacio de Gobierno (que contó con la presencia del Gobernador César Duarte) se tuvo la presencia de 350 personas, en el segundo evento en el bar Rock´n ball hubo 176 asistentes, para la presentación en el Teatro al aire libre (que se utilizaba por vez primera en un buen rato) el publico consistió en 400 personas, mientras que la clausura contó con 215 asistentes.

Respecto a la participación en las clases y seminarios, fueron 32 alumnos los que tomaron parte, de varias edades, destacando la participación de músicos jóvenes de la ciudad, algunos de ellos sin previa idea de lo que es el jazz. Se mostró mucho entusiasmo en los cursos, que derivaron en eventuales presentaciones de los conjuntos de alumnos ante el público durante los diversos eventos musicales del Festival.

Los maestros que se incorporaron al grupo de trabajo desde otras partes del país y del extranjero fueron los siguientes: Felipe Fournier desde Costa Rica, Samuel Martínez de San Luis Potosí, Emiliano Coronel de Zacatepec, Rubén Coca de Puebla y Arturo Caraza de Jalapa. A excepción de Emiliano, todos ellos se conocieron en el Conservatorio de Puerto Rico.

La mecánica de las clases consistió en que en el horario de 11:00 am a 2:00 pm se estudiaban técnicas, modos de improvisación y lenguaje de jazz, para posteriormente, en el horario de 6-8 practicar las diversas técnicas mediante una sesión de jam (improvisación) que luego se reflejaba en los eventos frente al público, donde los maestros interpretaban algunos temas para luego pasar la estafeta a los alumnos, que se mostraban frente al público, en algo que forma parte esencial de género del jazz. Platicando con algún alumno nos comentó que tal vez esa fuera la parte más interesante y agradable de los cursos.

Ramón Bermúdez considera que el evento sirvió para sembrar el concepto del jazz entre muchas personas que lo desconocían, generó curiosidad e interés por el género, mostró otra opción musical que pude disfrutarse y sirvió como distensión entre la gente respecto al clima de violencia que se ha vivido en los últimos tiempos.

También destaca el esfuerzo de los involucrados, que se vieron retados ante una exigencia cada vez mayor por sacar adelante el Festival y respondieron formando una comunidad participativa y con mucha interacción, se tomó un mes de trabajo a tiempo completo para lograrlo. Y que a pesar de faltar algunos apoyos, se aprovecharon cabalmente los que se tuvieron, como el de Gobierno del Estado, a pesar de lo cual el Festival tiene una característica de evento independiente creado y organizado por gente “de a pie”.

Como comentarios finales, Ramón agradece, a nombre del resto del equipo, a los asistentes, a quienes apoyaron al evento desde su particular trinchera, a los músicos invitados y en general a la comunidad chihuahuense que recibió con agrado el festival. Agrega que en un futuro sería agradecible que existiera mayor cantidad de apoyos, iniciativa de no quedarse esperando eventos, y sobre todo una ética de trabajo en equipo con miras a llegar a fines grandes, pues aquí hay talento y colectivos, pero en ocasiones falta una visión de colaborar en un conjunto más grande.

En Chihuahua Moderno nos alegramos de que se logren proyectos de este tipo y sobre todo que tengan la participación de varios niveles de la sociedad. ¡Enhorabuena!