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Diego Rivera de regreso en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Trabajó sin pausa. Durante seis semanas, 24 horas al día. En noviembre de 1931 Diego Rivera preparaba su primera exposición en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Era la segunda que el MoMA dedicaba a un artista, después de Henri Matisse. Rivera era el muralista mexicano más reconocido e influyente. Como los murales no podían transportarse, el museo le prestó una sala para que trabajara: en sesiones de día y noche y sin calefacción para no estropear los frescos, produjo cinco obras de grandes dimensiones cuyo tema fue la Revolución Mexicana.

El artista agregó dos murales más que daban una visión crítica de EE.UU. bajo la Gran Depresión. Fue un éxito. Llevó 60 mil personas y, de paso, consiguió su encargo más polémico: una obra para el Rockefeller Center.

Rivera era uno de los pintores favoritos de Abby, la madre de Nelson Rockefeller, así que finalmente recibió el encargo de pintar un mural gigante para decorar el gigantesco vestíbulo del Rockefeller Center, que acababa de erigirse en Nueva York. La pretensión de Rockefeller era que los visitantes hicieran un alto en el camino y se detuvieran a pensar.

Dicho y hecho: el indómito Rivera creó El hombre en la encrucijada, un mural lleno de simbolismo y guiños al comunismo, en el que aparecían Trotsky, Lenin y el mismísimo Marx. Todo ello en la entrada del cuartel general uno de los mayores iconos del capitalismo.

John D. Rockefeller Jr. le pidió que sacara a Lenin del mural. Rivera se negó. “Si bien la imagen de Lenin era parte de las razones de la polémica, la imagen de Rockefeller bebiendo ginebra rodeado de prostitutas en la obra original fue lo que realmente molestó a la familia”, afirma la curadora de la muestra y del MoMA, Leah Dickerman.

Una de las asistentes del pintor, Lucienne Bloch, se dio cuenta de que el proyecto podría no ser terminado, se escabulló y tomó una serie de fotografías con una cámara oculta bajo su blusa. “Ese es el único registro que tenemos”, explica la curadora.

Con la ayuda de esas fotos, Rivera reprodujo el mural con el título El hombre que controla el mundo, en el Palacio de Bellas Artes de México, donde permanece hasta hoy.

El hombre en la encrucijada fue finalizado el 22 de mayo de 1933 y fue inmediatamente cubierto por una lona. Ocho meses después, a principios de 1934, Rockefeller ordenó a los obreros que destruyeran el mural, una acción que fue calificada como “vandalismo cultural” por el mexicano.

Este año el pintor vuelve al MoMA. El museo reúne por primera vez cinco de los siete murales que el artista mexicano realizó en 1931. La exposición Diego Rivera: Murales para el Museo de Arte Moderno, abierta al público hasta el 14 de mayo, exhibe las obras del artista de Guanajuato.

“Rivera tiene la capacidad para abordar temas sociales y políticos en un momento de crisis y comunicarlos en una escala masiva”, explica Dickerman

“Ese poder estuvo presente entonces y está presente ahora. Es muy relevante mostrar su obra en estos momentos y una manera de hacer que el arte moderno sea significativo”, agrega la curadora.

Con un peso de hasta 450 kilos y un tamaño de 1,8 por 2,4 metros, la muestra incluye cinco murales de yeso, hormigón y acero: Guerrero indio (1931), Zapata, líder campesino (1931), El levantamiento (1931), La energía eléctrica (1931) y Fondos Congelados (1932).

Mientras Zapata, líder campesino pertenece a la colección permanente del MoMA, los otros cuatro murales provienen del Museo Dolores Olmedo en México y del Smith College Museum of Arts en Northhamptons, Massachusetts.

La exhibición abarca también bocetos, dibujos y acuarelas, junto a fotografías y documentos de la época. Además la muestra contempla los diseños del controvertido mural El hombre en la encrucijada, creado para el RockefellerCenter.

FUENTES: http://www.cookingideas.es/mural-rivera-20111115.html

http://www.panoramadiario.com/cultura/articulo/articulo/239/los-murales-politicos-que-diego-rivera-pinto-para-el-moma-vuelven-a-ny/