Por Lic. Agustín Hernández
La Guerra de las Galaxias.
Nuevamente iniciaremos el tema utilizando una película como medio introductorio a el artículo. Seguramente también le ha tocado ver en la pantalla un ícono de la cinematografía mundial como lo fue la serie de “La Guerra de las Galaxias”, y por lo tanto, presumo que recuerda aquella escena cumbre, en donde el personaje Darth Vader pelea a muerte con espada láser contra Luke Skywalker, el cual representa el bien y Vader el lado obscuro de nuestro ser. ¿La recuerda? Pues bien, el significado de esta pelea proyecta de alguna manera la lucha epopéyica entre los denominados “el bien y el mal”. Un combate entre las debilidades intrínsecas del hombre contra las capacidades altruistas del ser humano. Una confrontación entre nuestro cerebro reptiliano y el cerebro neomamífero. Porque el hombre es así: un ser dual de origen, y por lo tanto, atrapado en la inmensidad relativa de la materia y la energía, de lo denso y lo sutil, o como se le quiera denominar. Al respecto, podemos irnos teorizando otros miles de años más sobre el secreto de la naturaleza del ser humano. Pero por otro lado esto nos abre camino a otras múltiples interrogantes paralelas como por ejemplo: ¿qué es la realidad?
El conocimiento humano y sus fronteras.
El destacado pensador español Dr. Ramón Núñez, Director de la Casa de las Ciencias A, Coruña, nos habla de que el conocimiento de los antiguos era separar, dividir, y seccionar el conocimiento en forma polarizada, en forma dual, para poder comprender la esencia de las cosas: lo humano y lo animal, lo animal y lo vegetal, lo vivo y lo inerte, lo visible y lo invisible, lo racional y lo irracional, y así sucesivamente. Nos dice el Dr. Núñez que en la actualidad, entre más sabemos (hablando del conocimiento en general) nos hemos encontrado que van desapareciendo las fronteras entre el Conocimiento. La imposición del divisionismo ha sido la marca registrada de nuestra civilización hasta hace relativamente poco tiempo. División para todo y para todos. Hemos formado el mundo a base de un divisionismo a base de separaciones conceptuales, sociales, políticas, económicas, culturales, laborales, morales, enfoques, fronteras, filosóficas, religiosas y hasta de valores.
El concepto más moderno y vanguardista, es el que nos dice que: Las Ciencias, La Filosofía, Las Religiones, La Literatura, La Música, La Pintura, La Poesía, etc., no son cosas separadas. Todo está relacionado. Todo lleva a una UNIFICACIÓN.
Cosas que nunca debimos aprender y debemos olvidar.
Eduard Punset, reconocido intelectual catalán, en su programa televisivo “Nexos” nos proporciona tres ejemplos de cosas que nunca debimos aprender y debemos olvidar:
• Que estamos programados para morir.
• Que somos más inteligentes de lo que éramos hace 50,000 años.
• Que caminamos hacia algo mejor, y cada vez más grande.
En las últimas tres décadas hay cuando menos tres ciencias que han marcado un papel relevante en el mundo, en cuanto al conocimiento de la naturaleza del hombre: las Neurociencias, la Biología Evolutiva, y la Psicología Cognitiva.
Estas ciencias se han convertido en valiosas herramientas para entender profundamente el funcionamiento y perspectivas del cerebro, la mente y el comportamiento. De ahí que nace un nuevo paradigma científico: La Psicología Evolucionista.
La tabla rasa.
Steven Pinker, Profesor de Psicología de la Universidad de Harvard, en su libro “La Tabla Rasa” nos dice que la mente humana es como un disco compacto en blanco, que se va llenando con las experiencias de la vida de cada individuo en lo particular. Algunos científicos definen al cerebro como una serie de máquinas o dispositivos procesadores de información encaminados a resolver los problemas que en su momento tenían nuestros antepasados cazadores y recolectores. Hace ciento de miles de años. Pero, grabados indeleblemente en nuestra genética.
Pinker aporta nuevos conceptos evolucionistas, por ejemplo, la interpretación de las emociones positivas como el altruismo, la capacidad de amar, la lealtad, la gratitud, la simpatía, etc., las cuales conviven con el inevitable lado obscuro de nuestra naturaleza, fueron aprendidas y asimiladas en un proceso que duró miles de años, para que al final, el hombre comprendiera de que lograba más cosas y mayor bienestar, por las buenas, que por las malas. Un proceso de selección natural que ha durado muchísimo tiempo.
Y eso, querido lector, nos lleva a otra interrogante: qué variables independientes influyen más en ello: ¿los genes, o el entorno o la cultura?
En los recientes estudios sobre el Genoma Humano, se ha determinado que dicho genoma está constituido por apenas 30,000 genes y con un enorme mega-campo para el libre albedrío (posibilidades estadísticas para la toma de decisiones). El genoma de un gusano de tierra está constituido por 20,000 genes, ¡casi la misma constitución que la del hombre!, y con el mismo campo de libre albedrío. Correlativamente a este hecho, hay que agregarle que se ha llegado a estudiar que los hombres-cerebro más grandes de la historia, sólo han llegado a utilizar el 10% de la capacidad cerebral humana como máximo, quedando el 90% de capacidad potencial, de alguna manera referente al libre albedrío.
Tiempo de cambio de paradigmas.
La Física moderna en toda la gama de sus nuevas y sorprendentes modalidades, como la Física Cuántica, está aportado muy valiosos y nuevos conceptos en cuanto al tema de la evolución, por ejemplo, la famosa Teoría de la Unificación. Una única ecuación que da respuesta a muchas interrogantes y perspectivas de la materia, la energía y en sí de la humanidad como un todo integral. Destaca por su erudición y aportes de nuevos paradigmas el filósofo evolucionista estadounidense Ken Wilber, llamado el Einstein de la evolución humana. Su libro “A theory of everything” ( Una Teoría del Todo) resume en forma sintética parte de la nueva concepción de la evolución, desde sus estados más rudimentarios y densos de la materia, hasta los estados sutiles o espirituales reuniendo el pensamiento científico occidental con el de las grandes tradiciones milenarias orientales.
El filósofo Thomas Kuhn nos dice que para que opere una verdadera revolución del conocimiento, sería aquella que implique un cambio de paradigma. Aquella que provea una nueva forma de interpretar la realidad.
Jack Derrida, otro eminente científico nos habla de que necesitamos “quitarnos las gafas” valientemente, para liberarnos de los viejos paradigmas y el marco psicológico que hemos aprendido de alguna manera en la vida, y así, tener una nueva visión del mundo.
El caos de la civilización moderna actual se encuentra enraizado en gran parte, por la brecha abismal entre el crecimiento individual como seres humanos y el desarrollo exponencial de la tecnología.
Revista Chihuahua Moderno. Todos los Derechos Resevados 2010
Chihuahua Chih. Mexico
Revista Chihuahua Moderno. Todos los Derechos Resevados 2010
Chihuahua Chih. Mexico